Eucaristía del Domingo 27 de Octubre de 2024
Domingo trigésimo del tiempo ordinario
Salterio II
Color: verde
En este domingo, contemplamos al Señor que se compadece y manifiesta su misericordia con un ciego.
El ciego simboliza al hombre de todos los tiempos, que desde su encierro más profundo reconoce en Jesús al Mesías y al Maestro.
Como el ciego, los discípulos de Jesús necesitan la luz para ver claro el camino de la cruz y del servicio que Jesús les propone, sus seguidores son testigos de un acompañamiento iluminador, la curación del ciego Bartimeo.
Como respuesta a la fe del ciego, la palabra de Jesús le devuelve la vista. Sólo con fe se puede acercar el hombre con Jesús hasta Jerusalén, para participar del misterio de Cristo.
Aún en el contexto de la cruz y la subida a Jerusalén, la llegada de Jesús no deja de tener un carácter mesiánico y así la sanación del ciego se convierte en un signo del Mesías.
El ciego es el cumplimiento de la profecía de Jeremías en la primera lectura, es la proclamación de la salvación del Mesías prometido.
Pero también Bartimeo se nos manifiesta como el prototipo del que quiere ver, condición necesaria para la salvación. Bartimeo se salva porque tiene fe, la que lo lleva a llamar la atención de Jesús, a pesar de los reclamos de la multitud y de los propios discípulos. Llama a Jesús como hijo de David ante toda la multitud y Jesús confirma su invocación atendiéndolo.
Es la invitación a dejarnos sanar por Jesús, acercándonos a Él, para que acoja nuestras peticiones.
Al celebrar la Eucaristía, pongamos aquellas esperanzas mesiánicas y las utopías que también nosotros traemos a este altar, para que si es la voluntad de Cristo, el Señor, las cumpla y si no revisarlas a la luz de su Palabra y de su Sacrifico Redentor.
Recordemos que en la tradición Oriental, esta invocación del ciego Bartimeo: “¡Jesús, Hijo de David, ten piedad de mí!”, es la llamada “oración de Jesús”, y podríamos proponerla como un ejercicio de oración, de repetir esta invocación a modo de “jaculatoria” durante el día.
Antífona de entrada Cf. Sal 104, 3-4
Que la alegría llene el corazón de los que buscan al Señor. Busquen al Señor y serán fuertes, busquen siempre su rostro.
Gloria
ORACIÓN COLECTA
Dios todopoderoso y eterno, aumenta nuestra fe, esperanza y caridad, y para conseguir lo que nos prometes, ayúdanos a amar lo que nos mandas. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo, que vive y reina contigo en la unidad del Espíritu Santo, y es Dios, por los siglos de los siglos.
PRIMERA LECTURA
Traigo a ciegos y lisiados llenos de consuelo.
Lectura del libro de Jeremías 31, 7-9
Así habla el Señor:
¡Griten jubilosos por Jacob, aclamen a la primera de las naciones! Háganse oír, alaben y digan:
“¡El Señor ha salvado a su pueblo, al resto de Israel!”
Yo los hago venir del país del Norte y los reúno desde los extremos de la tierra; hay entre ellos ciegos y lisiados, mujeres embarazadas y parturientas: ¡es una gran asamblea la que vuelve aquí! Habían partido llorando, pero Yo los traigo llenos de consuelo; los conduciré a los torrentes de agua por un camino llano, donde ellos no tropezarán. Porque Yo soy un padre para Israel y Efraím es mi primogénito.
SALMO RESPONSORIAL 125, 1-6
R/. ¡Grandes cosas hizo el Señor por nosotros!
Cuando el Señor cambió la suerte de Sión, nos parecía que soñábamos: nuestra boca se llenó de risas y nuestros labios, de canciones.
Hasta los mismos paganos decían: “¡El Señor hizo por ellos grandes cosas!” ¡Grandes cosas hizo el Señor por nosotros y estamos rebosantes de alegría!
¡Cambia, Señor, nuestra suerte como los torrentes del Négueb! Los que siembran entre lágrimas cosecharán entre canciones.
El sembrador va llorando cuando esparce la semilla, pero vuelve cantando cuando trae las gavillas.
SEGUNDA LECTURA
Tú eres sacerdote para siempre según el orden de Melquisedec.
Lectura de la carta a los Hebreos 5, 1-6
Hermanos:
Todo Sumo Sacerdote del culto antiguo es tomado de entre los hombres y puesto para intervenir en favor de los hombres en todo aquello que se refiere al servicio de Dios, a fin de ofrecer dones y sacrificios por los pecados. Él puede mostrarse indulgente con los que pecan por ignorancia y con los descarriados, porque él mismo está sujeto a la debilidad humana. Por eso debe ofrecer sacrificios, no solamente por los pecados del pueblo, sino también por sus propios pecados. Y nadie se arroga esta dignidad, si no es llamado por Dios como lo fue Aarón.
Por eso, Cristo no se atribuyó a sí mismo la gloria de ser Sumo Sacerdote, sino que la recibió de Aquél que le dijo:
“Tú eres mi Hijo, yo te he engendrado hoy”. Como también dice en otro lugar:
“Tú eres sacerdote para siempre, según el orden de Melquisedec”.
ACLAMACIÓN AL EVANGELIO Cf. 2Tim 1, 10b
Aleluya.
Nuestro Salvador Jesucristo destruyó la muerte e hizo brillar la vida, mediante la Buena Noticia. Aleluya.
EVANGELIO
Maestro, que yo pueda ver.
+ Evangelio de nuestro Señor Jesucristo según san Marcos 10, 46-52
Cuando Jesús salía de Jericó, acompañado de sus discípulos y de una gran multitud, el hijo de Timeo -Bartimeo, un mendigo ciego- estaba sentado junto al camino. Al enterarse de que pasaba Jesús, el Nazareno, se puso a gritar: “¡Jesús, Hijo de David, ten piedad de mí!” Muchos lo reprendían para que se callara, pero él gritaba más fuerte: “¡Hijo de David, ten piedad de mí!”
Jesús se detuvo y dijo: “Llámenlo”.
Entonces llamaron al ciego y le dijeron: “¡Ánimo, levántate! Él te llama”.
Y el ciego, arrojando su manto, se puso de pie de un salto y fue hacia Él. Jesús le preguntó: “¿Qué quieres que haga por ti?”
Él le respondió: “Maestro, que yo pueda ver”.
Jesús le dijo: “Vete, tu fe te ha salvado”. En seguida comenzó a ver y lo siguió por el camino.
Credo
ORACIÓN DE LOS FIELES
Confiados en que la oración de los pobres llega hasta el Señor, elevemos con humildad nuestras peticiones a Dios:
Para que el Señor conceda el espíritu de consejo, fortaleza, ciencia y piedad a nuestro obispo N. y a todos los pastores de la Iglesia, roguemos al Señor.
Para que los gobiernos de las naciones edifiquen sus comunidades en la paz, equilibrando toda desigualdad injusta, roguemos al Señor.
Para que el Señor alivie los dolores de los que sufren en el cuerpo o en el espíritu y les dé fuerza para no desfallecer ante la tribulación, roguemos al Señor.
Para que mantenga a nuestras familias firmes en la concordia y seguras en su gracia y amistad, roguemos al Señor.